El motivo del tatuaje en el hombro se presenta como una pesadilla surrealista que hechiza al espectador. En el centro del diseño se alza un imponente castillo de retorcidos husos góticos y siniestras torres, que se adapta perfectamente a la curva natural del hombro. Materializadas a partir de sombras flotantes, las agujas heladas se elevan hacia el cielo y parecen perderse en la opaca luz de la luna. Los ladrillos, finamente trabajados, muestran grietas y huellas del tiempo, como si los fríos vientos los hubieran roído incansablemente durante siglos.
Luces parpadeantes titilan entre los imponentes muros, creando la impresión de figuras fantasmales, que se entregan a su irreal forma de existencia tras las ventanas rotas. Un velo de niebla cubre todo el conjunto, fluyendo sobre los hombros en tonos sutiles y bañando el paisaje en una misteriosa penumbra. Las sombras oscilan en un oscuro crescendo, desvaneciéndose en la parte inferior del hombro y revelando la visión de un cementerio cubierto de ramas nudosas entre los contornos de la línea trasera del hombro.
Las lápidas asoman entre la espesura y sus inscripciones grabadas sólo se distinguen tenuemente, mientras el liquen y el musgo cubren suavemente su superficie. Las líneas profundas y densas y los detalles intrincados crean una textura casi palpable en los parapetos de mármol, que contemplan el paisaje en enigmático silencio. Las sombras y los acentos de luz juegan entre sí para llenar el conjunto de una inquietante vivacidad que contrasta con la calma barroca del mórbido paisaje. En su conjunto, se despliega un oscuro cuento de hadas que se funde sutilmente con la piel a través del arte del tatuaje e irradia una elegancia atemporal y gótica.